viernes, 3 de febrero de 2012

Mientras quede un corazón libre

Podrán, perdida toda esperanza,
aquellos que se olvidaron del alma,
marchando como una horda fría y muerta,
darle la espalda a la luz,
esconderse en las tinieblas.
Podrán, en su última locura arrebatarme mi cama
para quitarme los sueños.
cubrir el cielo, arrancar las estrellas
amurallar la tierra y quemar el aire.
Podrán levantar murallas entre los abrazos.
Podrán disparar con valas contra mis ideas.
Podrán apagar las voces, dormir a los fieros,
disfrazar a los héroes.
Podrán ocultar la Verdad y la sabiduría de los sabios.
Podrán cortarle las manos al hombre justo y al bondadoso.
y encerrar al que se siente libre en una celda
Podrán someter mi cuerpo
arrancarme los ojos, taparse los oídos
y cerrar mi boca.

Pero no podrán jamás callar mi ser indomable.
Ni robarme el espíritu
Ni callar el sincero rugido de mi Alma:

Que nada ni nadie puede robar mis sueños,
pues están en mi corazón.
Que no se oscurecerá el cielo por arrancar los ojos.
Que cualquier amor es más poderoso que la más alta muralla.
Que no se pueden destruir mis ideas, igual que no puedes quebrar el aire.
Que no se puede disfrazar la fiereza de los héroes,
ni ocultar la Verdad, ni el saber de los sabios.
Que aun sin manos, el justo sigue siendo justo, y la bondad vive,
y encerrado, la libertad del libre es infinita en su interior.
Que aunque callen mi boca no morirán mis palabras.
Que nada, nadie, puede encerrar ni someter ni esclavizar mi alma

¡Que ni la Verdad, ni la Libertad, ni la Belleza de esas cosas morirá mientras quede un corazón libre que las ansíe!

domingo, 29 de enero de 2012

Buenos días

Buenos días, persona anónima.

Es una placer que dedique un par de minutos de su ajetreada vida a leer esta carta dedicada exclusivamente a usted.
Seguro que ha hecho usted muchas cosas hoy. Actividades interesantes, aburridas, divertidas o sencillamente necesarias. ¿Me equivoco?
Sin intención de cuestionarle ¿Ha reflexionado sobre todo esto que usted hace? ¿Cambiará algo con ello? ¿Será usted, su entorno, el resto de las personas, más felices gracias a lo que usted ha hecho?
¿Será esta sociedad un lugar mejor, más justo, más libre y feliz gracias a usted? Seguro que pensará al respecto, pues es usted una persona crítica y reflexiva.
Usted es una personilla más, con sus virtudes y defectos tan bellos y respetables como las de otra cualquiera. Tal vez no sea tan influyente como un alcalde o un ministro, pero se equivoca si piensa que con ello no puede cambiar nada, querido/a anónimo/a.
Usted tiene un poder insospechado ¿Por qué no usarlo para mejorar?
Son los actos de las personas individuales los que tiene el poder de cambiar el conjunto. Pruebe a sonreírle a su vecino, lea un libro, déle unas monedas a aquel mendigo de la acera de enfrente. No acapare lo que no necesita, tómese unos minutos del día para reflexionar.
Regale bondad, actúe con la justicia la solidaridad y ya estará cambiando el mundo. Las revoluciones nacen con la suma de personas, y una suma puede empezar por un acto que ¿Quién sabe? Puede llevar a cabo usted. Hay mil maneras de mejorar, puede intentarlo. Nunca es tarde.
¡Ah! Y no se olvide de pasar este papel. Déjelo donde sepa que otros lo verán.
Muchas gracias por su tiempo, ¡Que tenga un buen día!

Cielo gris y nieve muy blanca

El cielo es gris y la nieve muy blanca; un grupo de hombres, mujeres y niños marchan a buen paso hacia el norte en busca de una de las cuatro inmensas columnas que unen la Tierra con la bóveda celeste. A lo largo del viaje cantan, ríen y cuentan historias que hablan del respeto por la Tierra y por los espíritus que la habitan, de un amor sin ley y sin pecado, del desprecio por la soberbia y el engaño, y de una vida dura, cruel a veces,
pero fiel a los ritmos secretos de la Naturaleza.
-Riel Jorn

viernes, 20 de mayo de 2011

Huellas

Huellas en la nieve, oso blanco
que dejas con tus memorias en cada pisada.
Horizonte que se acerca a tus pies.
Huellas que se alejan una vez creadas.
Por la tundra en la que se construyeron tronos
quienes no eran más que tú.
Tronos a los que muerdes las patas.
Sed de revolución. Sed de tronos caídos sobre la nieve.
Sentimiento de paz cuando todos
han quedado a la misma altura.
Corazón que deja huellas
que huelen anarquía, que saben libertad.
Profundas como el corazón que las sella
por la nieve que te engendró
y que tú, libre, recorres.
Más hermosa ahora sin infinitas sombras de tronos.
Orgulloso de ser hijo y no su dueño.
Huellas que son besos que son un "de nada".
Huellas que son marcas que son tú, oso blanco.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Los deseos del oso blanco


Deseo algo de luz interior
Para mi cuerpo de sombra relleno.
Deseo ungüentos y alcohol para los golpes de la vida.
No sólo los de mi carne, tan insignificantes,
(a veces hasta las caricias me hacen daño)
sino los del alma,
para los golpes de suerte y desgracia.
Soy igual de sensible a ambos.
(Desnudo ando por el jardín de la vida,
pisando sus rosas y espinas.)
Deseo tenerme a mí mismo en un vaso.
Desconfío de mi propio sabor.
Deseo amor absoluto en otro vaso.
Sólo así llegará a mis labios.
Deseo para mis sentidos un hecho
Tan corriente y vulgar
Que pueda entenderlo.
(La obra más mundana y pequeña del universo
es para mí un prodigio incomprensible.)
Deseo un bolígrafo
Para escribir con él trazos y palabras.
Que representen todo.
Que expliquen todo.
Deseo una boca capaz de sacar de sí
Las palabras que conmuevan al mundo.
Deseo un alma que alcance a entender
Su propio y mágico misterio.
Deseo en mi cabeza juiciosa
Imaginación suficiente para emborracharla.
Y desnudarla.
(La razón es el prescindible disfraz de mi locura.)
Deseo un pequeño trozo
De todo lo grande, eterno e insondable.
(¡A mí todo lo grande, eterno e insondable!
¡Quiero amarlo, abrazarlo y besarlo!
¡Hacerlo tan parte de mí como mi misma alma!)
Deseo grandes cantidades de las cosas pequeñas,
(¡A mí también las cosas pequeñas,
tan dulces y con la belleza de las grandes!)
En mi corazón la magia no entiende de tamaños.
Deseo todos los labios que en su día anhelé besar
(guardo muchos besos caducados al final de mi garganta)
Deseo que me deseen.
Deseo también todas las sonrisas.
Me han dicho más de sus dueños que
Mares de sus palabras.
(Rara vez soy dueño de mi sonrisa, demasiado valiente para mí.
Tampoco soy el dueño de mí mismo.)
Deseo volver a escuchar en mis oídos
Las palabras de los niños.
(Dejan en ridículo a las de los sabios.)
No deseo copas brillantes ni trofeos
Que esperen ser levantados por mí,
Demasiado altos y fulgurantes en mis manos.
Levantar mis brazos hacia el viento y el amanecer,
Y contra la tormenta que agita mis desgracias
Es para mí más noble.
(Acepto deportivamente
tanto las victorias como las derrotas.)
Deseo un alfiler tan fino
que pueda coser la suerte a mi piel
Sin que ninguna de las dos se de cuenta,
Mi mal aliento le empuja a no acercárseme.
(Son los besos caducados en la garganta
los que le dan a mi aliento ese hedor.)
Deseo la vida.
En toda su gloria y esplendor.
(Aunque también la deseo
miserable y mundana a veces,
la gloria es un manjar indigno de disfrutar todo los días.)
Me deseo encontrar tras haber estado
Buscándome toda la vida.
(Deseo que esa búsqueda haya sido larga y complicada)
Deseo la palabra*.
Deseo que me acompañe en mi búsqueda.
Ya sea esa búsqueda fructuosa
O un fracaso.
En ambos casos me sirve.
Deseo la muerte.
(Por si en vida dejo de desear todo lo mencionado.)





*(Tal es el poder de la palabra,
que a veces creo imaginar
todo lo imaginable
en una sola.)